Historia

Población autóctona

IncatamboEn tiempos del gran imperio Inca el territorio de las tribus amazónicas llegaba hasta las inmediaciones de las ciudadelas de Machu Picchu y Choqqeqquirao. El Inca Túpac Yupanqui conquistó el valle de Amaibamba y desalojó de él a sus naturales habitantes (muy probablemente machiguengas).

Posteriores incursiones les permitieron a las tropas incaicas conquistar, probablemente, hasta las inmediaciones del Encuentro entre los ríos Vilcanota y Yanatile. Con el tiempo los Incas llegaron a conquistar gran parte del territorio convenciano habitado por los machiguengas con los que establecieron sólidas bases comerciales. Pero el imperio Inca no pudo conquistar el territorio de los Pilcozones (Piros), ni el de otras tribus que por aquel tiempo poblaban el actual territorio convenciano.

También los españoles dedicaron sus esfuerzos, a partir del año 1572, a la conquista de los pueblos amazónicos. No encontraron dificultad en penetrar en los territorios que con anterioridad habían conquistado los incas, pero no pudieron someter ni a los Pilcozones ni a otras tribus que seguían poblando el vasto territorio que hoy pertenece a La Convención.

La población indigenoamazónica de la provincia de La Convención se ubica en sus distritos de Echarati, Pichari y Kimbiri. En estos distritos están presentes cuatro etnias diferentes: Machiguenga, Ashaninka, Yine y Caquinte. Los machiguengas son, por el número de sus comunidades y habitantes y por la extensión del territorio que ocupan, el grupo étnico más importante de la región.

Existen 31 Comunidades Nativas Machiguengas con una población estimada en 8.000 habitantes. Las Comunidades Nativas ashaninkas son 15 con una población aproximada de 2.500 habitantes. Dos son las Comunidades Nativas Yines (Piros) con 2.000 habitantes y dos son, también, las Comunidades Nativas Caquinte con 300 habitantes. Por ello, la población nativa de la región se elevaría en torno a los 12.800 habitantes.

Si bien el número de habitantes nativos de la provincia no representa más que alrededor 8% de su población total, sin embargo los grupos nativos ocupan una parte muy significativa de su territorio.

Desde el punto de vista cultural los grupos nativos aportan a la provincia convenciana tres idiomas y una cultura tradicional sumamente rica, sobre todo, en conocimientos de la flora, fauna y recursos de la región.

ORIGEN DE LOS MACHIGUENGAS

Los Machiguengas, son según su tradición, los primeros hombres que existieron en el mundo. Los hizo Tasorinchi, en gran número y todos adultos, del árbol Paroto o palo de balsa, soplándolo.

Alfredo Encinas Martín, en su “Historia de la Provincia de la Convención”, afirma que entre los primeros machiguengas que existieron en la tierra hubo varios Tasorinchi. Ninguno de ellos tuvo padres; fueron todos creados de la nada. El Tasorinchi Kinteróni, marido de Paréni Tasorinchi era el más poderoso. Viendo que tenía poder para hacer personas de la nada quiso crear un nuevo Tasorinchi más poderoso que él, y de un soplo creó a Yabíreri. El Tasorinchi Yabíreri todo lo podía. Con una sola palabra convertía en animales a los machiguengas que encontraba.

En la antropología mitológica de los machiguengas los hombres, el género humano, son ellos. Se acuerdan de los otros hombres, que por un lado o por otro han visto, para asignarles, por lo común, un origen y calidad de ínfima categoría y nada más, porque no siendo machiguengas no son para ellos gente propiamente dicha. Los Chonchóite, tribus de salvajes antropófagos fueron creados por el demonio Kientibákori. Los Kugapakori, tribu de selvícolas luchadores son obra de Kientibákori. Los hizo soplando la rabiosa hormiga del árbol Kanáe o palosanto, y por eso son tan fieros que flechan y matan a la gente que ven…

Las creencias o mitos que más repercuten en la vida práctica de los Machiguengas -dice P. Secundino- son las referentes a los demonios o espíritus malos que ellos llaman Kamagárini. Las rocas, los pedrejones, los grandes pozos y remolinos de los ríos, y otros mil sitios de la selva, son moradas de los Kamagárini . Los sonidos raros que se oyen en los bosques por la noche son gritos de los demonios, que buscan machiguengas para matar. La lluvia es maleficio de los diablos. El arco iris los persigue, y el que cae víctima de sus iras, pronto se verá impedido con los pies sembrados de pertinaces y dolorosos tumores. A los sapos y ranas, por su fealdad y por algunas enfermedades cuyo origen les achacan, suelen honrarlos con el nombre de Kamagárini, no porque piensen que lo son en realidad sino por la semejanza de sus atributos. También los machiguengas se llaman a veces entre sí Kamagárini, y es la interjección más fuerte con que reprochan algún proceder inicuo.

Moradas de los Kamagárini. Unos diablos viven arriba, en la región de las nubes… y otros muchos aquí en la tierra; pero su principal morada, donde reside la inmensa mayoría es Gamáironi, el lugar de la muerte -o de los cadáveres-.

Cualidades. Son feos, desdichados, invisibles e inmortales. Trabajan y cultivan algunas plantas que son de muy inferior calidad a las de aquí. Istea -chicha de yuca- y shinnkiáto -chicha de maíz- no pueden hacerlas porque no tienen ni yuca, ni maíz, y así no pueden ser felices porque les falta la borrachera. Todos tienen mujer, como los machiguengas aquí, y se procrean al modo humano. Cada familia vive en su casa y tiene su chacra.

El Dios malo Kientibákori. Hay entre los demonios uno muy principal, que se llama Kientibákori. Existe él por sí mismo, nadie lo creó. Es Kamagárini, uno solo y creador de todo lo malo. También crea a los seres soplando, y porque tiene este poder a su nombre propio, Kientibákori suele añadirse el de Tasorinchi Sabinírira -el poderoso de abajo- en contraposición con el simple Tasorinchi que es el poderoso de arriba, creador de todo lo bueno. Vive abajo en el Gamáironi. Para aproximarse al mundo machiguenga es recomendable leer “El Hablador”, de Mario Vargas Llosa.